Si tengo una enfermedad crónica-degenerativa... ¿Comó me puede apoyar un psicólogo?

Por Athena Flores Torres 12 de enero de 2021

En la actualidad mucho se ha hablado sobre las enfermedades crónicas y los factores de riesgo que  aumentan la posibilidad de padecerlas, sin embargo es común que pese la información recibida,  surjan cuestionamientos e inquietudes sobre el tema, tales como: ¿hay alguna cura? ¿Cuál es el  tratamiento ideal? ¿qué pasa si no acepto mi enfermedad? ¿cómo modifico mi estilo de vida? ¿me  voy a morir? ¿ya no podré disfrutar de lo que me gusta? ¿puedo continuar con mis planes y metas,  aún con mi enfermedad ?... entre otras. 

Estas creencias e interrogantes pueden afectar la manera en cómo concebimos nuestro propio  bienestar y las opciones que tenemos ante un problema de salud; por esta razón es vital definir  claramente el problema. 

¿Qué es una enfermedad crónica- degenerativa? 

Cuando hablemos de una enfermedad de este tipo nos vamos a referir a aquellos padecimientos  que se mantienen a lo largo del tiempo, por lo general de progresión lenta y no tienen cura, únicamente se pueden controlar mediante tratamiento médico y la modificación de hábitos. En los  últimos años, estas enfermedades han recibido mucha atención por parte de los profesionales de la  salud (médicos, nutriólogos, psicólogos, enfermeros, etc.) ya que pueden causar un importante  deterioro físico, psicológico y social a quien lo padece y a sus familiares. 

Dentro de las principales enfermedades crónicas- degenerativas podemos mencionar: obesidad,  diabetes, hipertensión, cáncer, dolor crónico, enfermedades respiratorias, entre otras. Es  importante recordar que cada padecimiento tiene características específicas en relación a los  síntomas que presenta y el nivel de incomodidad o molestia que genera. 

Y si ya vivo con una enfermedad crónica degenerativa: ¿que pienso? ¿qué siento? ¿qué hago? Existen diferentes factores que afectan el bienestar psicológico de las persona con enfermedades crónicas, los cuáles interactúan entre sí y se manifiestan de manera distinta en cada caso; dentro de  estos podemos mencionar: la severidad de la enfermedad, el tipo de tratamiento, factores  individuales (recursos cognitivos, emocionales y conductuales), etapa de la vida en la que se  encuentre, contexto sociocultural y redes de apoyo (familia, amigos, área laboral y social).  

Creencias sobre la enfermedad y el tratamiento 

Las creencias tienen un papel fundamental en el impacto emocional que viven los pacientes,  principalmente debido a que la mayoría se encuentran asociadas a la incertidumbre que genera la 

enfermedad, generando emociones negativas y reforzando el estigma social que acompaña a la  mayoría de estos padecimientos. Algunas creencias disfuncionales asociadas con la enfermedad  pueden ser: tener una percepción desesperanzadora del futuro, miedo al deterioro, concebirse como  una carga para los demás y tener preocupaciones existenciales sobre la vida y la muerte. 

En México existen ciertas creencias erróneas que mantienen el estigma y los mitos con respecto a  determinadas enfermedades crónicas; algunos de los mitos más comunes están relacionados con  las causas de la enfermedad (castigo divino, reacciones emocionales intensas), con el pronóstico  (tener la expectativa de curación poco realistas) o con el tratamiento (vergüenza de ser señalado,  depositar mayor confianza en tratamientos con poco control de calidad o percibirse poco capaz de  seguir el tratamiento adecuadamente).  

El papel de las emociones en la salud 

Como ya mencionamos, las enfermedades crónicas provocan un estado de estrés crónico, derivado  de un desequilibrio (físico, social, mental y emocional). Esto normalmente surge debido a varias  razones, como son: dificultad para aceptar la enfermedad, resistirse al cambio de ciertas conductas  que podrían implicar un riesgo para la salud, percibirse poco capaz para seguir el tratamiento o  presentar una importante dificultad para manejar el estrés, lo que puede desencadenar problemas  más complejos, tales como la depresión y la ansiedad. 

.Algunos síntomas depresivos son: 

• Cambios en el apetito 

• Problemas para dormir 

• Pérdida de interés en actividades que antes disfrutaba 

• Apatía 

• Tristeza  

• Irritabilidad 

• Otros 

Por otro lado, los problemas de ansiedad se llegan a manifestar de la siguiente forma: • Preocupación excesiva  

• Sudoración excesiva 

• Dolor de cabeza 

• Problemas para dormir  

• Problemas de conducta alimentaria y/o abuso de sustancias (alcohol, cigarro, otras) • Otros 

Conductas de riesgo y autocuidado 

Una de las causas de este tipo de padecimiento tiene una fuerte relación con los hábitos en nuestro  estilo de vida, es decir, con nuestra conducta cotidiana. Por lo que vale la pena preguntarnos: ¿mi  alimentación es la adecuada? ¿hago ejercicio? ¿Acudo al médico con regularidad? ¿duermo lo 

suficiente? ¿consumo alcohol? ¿Fumo?… ¿qué estoy haciendo para cuidarme y cuidar a las personas  que quiero? 

Por esta razón la conducta es un factor muy importante en el tratamiento de estas enfermedades,  ya que puede favorecer o perjudicar nuestra condición de salud. Es decir, si presentamos conductas  de riesgo tales como fumar, consumir bebidas alcohólicas en exceso, llevar un inadecuado plan de  alimentación o ser sedentario, la enfermedad puede generar un deterioro mayor y el pronóstico se  ve afectado; por otro lado, al realizar conductas que favorezcan la salud tales como hacer ejercicio,  llevar una alimentación sana y dormir bien, podrían impactar positivamente sobre el pronóstico.  

La práctica exitosa de estas conductas depende del desarrollo y mantenimiento de recursos  asociados con variables psicológicas y sociales. Aunque modificar hábitos y cambiar nuestro  comportamiento no es tarea sencilla, es posible si se realizan cambios de manera paulatina y  constante, comenzando a hacer ajustes desde lo más sencillo hasta tareas más complejas.  

La importancia de pedir apoyo 

En conclusión, los problemas de salud deben ser atendidos desde distintas perspectivas, de manera  que las personas se vean beneficiados no solo en el área física sino también en lo psicológico y social.  Por esta razón, acudir a atención psicológica especializada me puede beneficiar no solo en el manejo  emocional y a evaluar las creencias que me impiden aceptar mi nueva condición de salud, sino  también al adquirir nuevas estrategias que me faciliten este proceso de adaptación y me apoyen a  mejorar mi calidad de vida. 

La terapia cognitivo-conductual busca lograr el cambio conductual y la disminución de reacciones  emocionales indeseables a través de la modificación de los pensamientos disfuncionales. Este  enfoque se caracteriza por ser estructurado y directivo, estableciendo metas realistas y alcanzables  durante todo el proceso terapéutico, lo cual favorece la modificación de conductas desadaptativas,  así como el desarrollo de estrategias de afrontamiento más adecuadas.  


Athena Flores Torres.

Correo: athena@cepch.com.mx

Teléfono: 5554521585